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domingo, 8 de junio de 2014

EL AGUA EN COLOMBIA

Día mundial del Medio Ambiente: el agua en Colombia

Para conmemorar el día mundial del medio ambiente le recordamos el estado del agua en el país.

Esta semana, del 4 al 7 de abril, Corferias será  el hogar de la Feria internacional del Medio Ambiente 2014 (Fima), la feria medioambiental más importante de Latinoamérica. Dentro de la agenda de la feria  hay numerosos eventos que llegan como grandes novedades para Colombia como: el primer #GreenSocialMedia Day, que tendrá lugar el 7 de junio,  el lanzamiento de las estrategias de manejo de aguas y residuos de varias compañías y  charlas con especialistas como Jan Van Overeen que hablará sobre el anejo de Costas. 

El tema central, sin embargo, será la puesta en marcha de un nuevo Programa Nacional de Cultura del Agua que busca  fortalecer la gobernanza sobre este recurso, promoviendo nuevos  hábitos en el aprovechamiento  y la participación social.

Este es uno de los primeros programas desarrollados en Suramérica y busca promover un cambio cultural en el uso y aprovechamiento del recurso hídrico.

La ministra de Ambiente  y Desarrollo  Sostenible, luz Helena Sarmiento, manifestó que las juventudes en Colombia están llamadas a ser las garantes del agua y el  cuidado del recurso "convirtiéndose  en veedores y guardianes de los recursos en las diferentes zonas del territorio nacional".

Colombia  tiene como reto entrar a la OCDE, donde el crecimiento verde como apuesta del país depende del recurso hídrico, en temas tan prioritarios como el transporte por el río Magdalena, la generación energética a partir del recurso hídrico que representa el  64 por ciento del total nacional.
Así mismo, Más de la mitad de toda el agua consumida en Colombia se destina al uso agrícola. Mejores prácticas agropecuarias, incentivos a la reconversión ganadera, sistemas silvopastoriles y mejoras en la tecnología, impulsan a la industria, propietarios privados y sistemas agrícolas a mejorar sus prácticas empresariales y a disminuir su huella hídrica. LEER MÁS

sábado, 17 de mayo de 2014

Desarrollo económico de Latinoamérica no debe arrasar con territorio

Entrevista con la presidenta del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Yolanda Kakabadse.



Tres señales alrededor del mundo convencen a Yolanda Kakabadse de que salvar al planeta depende de cada persona.

Escuchó hace poco al papa Francisco refiriéndose a que desperdiciar comida es robarle a los pobres, recordó también la disposición de Li Keqiang, primer ministro chino, de castigar a quien bote comida y hace poco encontró en un hotel en Suiza un aviso que advertía que los alimentos del bufé dejados en el plato serían cobrados.

“Necesitamos cambiar los pequeños hábitos. Al ritmo que vamos en niveles de consumo en todo el mundo, estamos destruyendo el planeta”, sentenció, y recordó que un tercio de la comida que se produce es desperdiciada.

La alimentación, el agua y la energía son los tres focos de trabajo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), la organización no gubernamental más grande en conservación y cuidado del medioambiente del mundo, y de la que es presidenta desde hace cuatro años.

A pesar de los retos, la experta ecuatoriana se muestra optimista frente al potencial del continente.
“No tenemos que barrer con nuestro territorio y destruir la biodiversidad, porque ahí hay otro potencial económico”, aseguró, en una conversación con EL TIEMPO.

Kakabadse, quien también se desempeñó como Ministra de Ambiente de Ecuador y presidenta de la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (Uicn), opinó sobre las políticas regionales y el compromiso compartido de conservar la Amazonia.

En varias oportunidades ha hablado sobre la responsabilidad de los políticos con el medioambiente. ¿Qué tan dispuestos a defenderlo y gestionar recursos para su protección están los gobiernos latinoamericanos?

Hay un abanico de proyectos: desde los que son puro discurso a aquellos que sí son concretos. Hay gobiernos que realmente han asumido la conservación, que ahora se promueve como parte del desarrollo.

Pero en general, se ve que hay más presión social hacia los representantes políticos, para que vayan más allá de las promesas y cumplan.

Por ejemplo Costa Rica, desde hace 20 años, decidió que la conservación iba a hacer el principal atractivo del país, y desarrolló todo un proceso de ecoturismo que se convirtió en su marca nacional.

Sin embargo, creo que lo más importante que se ha realizado en los últimos 20 años es la acción de los gobiernos locales, que están tomando el manejo de sus recursos naturales.

Colombia, Brasil, Bolivia, Perú y Ecuador comparten entre sí uno de los ecosistemas más claves para el planeta. ¿Cómo percibe el trabajo conjunto por la Amazonia?

Creo que estamos en una situación de riesgo. Muchos ciudadanos todavía no caen en cuenta de que en el momento en que desaparece un ecosistema o que se debilitan sus funciones, es el ser humano el que está en peligro. Si no hay agua, no hay ser humano. Tampoco va a haber seguridad alimentaria y las comunidades más vulnerables serán las más afectadas.

Entre las naciones andino-amazónicas hay una responsabilidad enorme. El gran tema es que si se tienen unas políticas públicas en Colombia que contradicen totalmente las de Brasil o Ecuador, va a haber afectaciones.

El ecosistema no reconoce las fronteras. Hay que trabajar en una visión común. No se necesitan tomar grandes medidas de política pública regional, porque es complicado, sino compartir la visión.

El crecimiento de las economías latinoamericanas lo ha impulsado en gran parte las industrias extractivas y minero-energéticas, ¿cómo apostarle a ellas sin que el costo sea letal para los territorios?

El tema no es si se hace o no explotación. La extracción de petróleo y de mineral es clave para las industrias y se está dando en lugares frágiles. Hay que decidir en dónde conviene extraer para que no afecte a los recursos naturales renovables, que son básicamente agua y biodiversidad. Y ese potencial sí existe en América Latina. No tenemos que barrer con nuestro territorio y destruir los ecosistemas, porque ahí hay otro potencial económico.

De qué sirve tener grandes ganancias por la extracción minera si la población no tiene qué comer. Porque el dinero ganado con esta actividad va a servir para importar durante un tiempo la comida, pero luego qué pasa. Nos quedaríamos sin pan y pedazo.

Hay que trabajar con los que deciden la política pública para que haya una planificación del uso del suelo, y en eso estamos débiles en todos los países de la región.

Eso será clave para ecosistemas como los páramos. Los hemos agredido, sin reconocer que son las fábricas de agua más importantes. Tenemos que reparar el daño que le hemos hecho y legislar para protegerlos, y recuperar esos suelos.

Desde este panorama, ¿cómo replantear el modelo energético?

América Latina tiene que dar un paso a las energías renovables, porque el potencial de estas es extremadamente grande. Ya no se pueden utilizar los argumentos del pasado de decir que es más costoso, que no puede hacerse a gran escala o que es difícil conectarlas a los sistemas nacionales. Ya las tecnologías han avanzado.

Esos son mitos que se argüían en la década pasada, pero ahora el inversor de energía no tiene argumentos para decir que debe seguir con los fósiles. Si seguimos con el mismo ritmo de este tipo de energías, estamos cavando nuestra propia tumba. Ya hay algunas iniciativas, en Chile con un megaproyecto de energía solar y en Venezuela otro grande de energía eólica.

Hace poco publicaron un informe que documenta distintos casos de conflictividad ambiental. ¿Cómo evalúa la manera como se están dando y solucionando estos conflictos en el continente?

Estoy absolutamente convencida de que en Latinoamérica somos maestros para crear problemas y un desastre para enmendarlos. Y no siempre se trata de solucionarlos, hay algunos que necesitan entenderse. Muchas veces estos conflictos surgen por abuso de poder, por las ambiciones ilimitadas a sacar el máximo provecho de los recursos, sin considerar la responsabilidad con las próximas generaciones.

Tenemos que entender cuáles son las condiciones que generan conflicto y empezar a trabajar cuando sale el humo, no cuando ya hay fuego. Así es más costoso y difícil. El liderazgo no es solo del gobierno, sino que también está en la comunidad indígena, en los representantes locales. Hay que entender que es una tarea de todos. La médula de ese entendimiento es el diálogo.

El Fondo Mundial para la Naturaleza es una de las organizaciones no gubernamentales con mayor presencia en el mundo. En un rastreo global, ¿cuáles son los puntos y sectores más críticos?

Una de las grandes amenazas es la sobreexplotación de pesca. Pero también se ve un vínculo entre los productores y los consumidores. Cada vez el mercado les exige a las industrias que sus productos hayan pasado por procesos certificados. Los consumidores exigen que se haga bajo principios sustentables la pesca, la extracción de madera, la ganadería.

Con expectativa se esperan las cumbres para hablar de cambio climático, se presentan informes que alarman, pero en ocasiones pocos son los cambios que perciben los ciudadanos, ¿en qué se está fallando?

Cada una de las conferencias tiene expectativas particulares. Creo que no en todas se ha avanzado, porque en su interior se han infiltrado intereses de tipo político, tanto partidistas como económicos, que no permiten que se avance de la manera que quisiéramos.
Lo que creo es que la población sí le está diciendo a sus dirigentes que no sean irresponsables, y eso es importante, porque son los ciudadanos los que votan, los que legitiman a los gobiernos.
Sin embargo, muchas veces no somos justos en reconocer los logros. Por ejemplo, en Estados Unidos la legislación nacional ha sido muy lenta, pero en el nivel provincial como en California y en el noreste se han logrado grandes cambios, incluso tan valiosos como si los hubiera acogido todo el país.

Ya lleva más de tres décadas en el trabajo ambiental. ¿Qué ha cambiado del activismo de los años 70 al siglo XXI?
Hacia finales de 1970 no había ninguna conciencia de conservación, ahí íbamos a las raíces de los problemas a poner en evidencia delante de los gobiernos la importancia de regular los agroquímicos, por ejemplo. Ahora, construimos alianzas con privados y gobiernos, aprendemos de otras experiencias globales.

Aprender del planeta en historia y geografía

Yolanda Kakabadse, presidenta del Fondo Mundial para la Naturaleza, aseguró que los cambios individuales también dependen de la educación ambiental. Para ella, esta depende tanto de las políticas públicas como del día a día en clase. “Ya se ve en muchos colegios y escuelas que maestros empiezan a generar el interés por el cuidado del planeta”. Sin embargo, advierte que la educación ambiental no se debe entender como una materia separada, sino como parte de geografía, de historia, de castellano. “¿Por qué tenemos que aprender el sujeto y el predicado con una frase como la ‘casa es verde’, si podemos decir ‘la mantarraya es una animal propio de la Amazonia’ ”, ejemplarizó la experta.
LAURA BETANCUR ALARCÓN
Para EL TIEMPO

jueves, 13 de marzo de 2014

COLOMBIA RETROCEDE EN MATERIA AMBIENTAL

Algo ya iba mal

Numerosos analistas han presentado en días pasados lo que consideran un desplome del nivel que tenía el país en el índice de desempeño ambiental, conocido como EPI por sus siglas en inglés, trabajado por las universidades de Yale y Columbia.
Por: Elespectador.com
Editorial 12 Mar 2014 - 9:50 pm
Es un hecho que Colombia pasó del segundo al decimocuarto puesto a nivel regional y que ocupamos un bajísimo lugar en cinco de los nueves indicadores temáticos. En el nivel mundial, hoy estamos de 85 entre 176 países, sin que ninguno de los presuntos responsables algo hayan dicho. Se entiende, estamos en época preelectoral…
Con todo, una revisión fría del indicador nos lleva a afirmar que no se trató de un “desplome” sino de un “sinceramiento”. La aplicación del conjunto del índice entre 2008 y 2014 no sería comparable, aunque sí lo serían algunos indicadores individuales.
La cruda realidad de la medición es que en temas de gestión climática y de energía estamos mal. El indicador de cobertura forestal, que antes sólo medía la cantidad absoluta y hoy mide la relación entre bosque y agua, nos hizo descender abruptamente. Si el índice de 2008 nos situaba muy alto por la parte limpia de nuestro país —una proporción todavía alta del territorio cubierto de ecosistemas naturales—, el índice de 2014 muestra que en la parte más habitada de nuestro territorio venimos creado un ambiente sucio.
Los nuevos indicadores relacionados demuestran un bajo lugar en impactos ambientales sobre la salud humana, la calidad del aire, el agua potable y el saneamiento básico.
Solamente superamos a algunos países de la región en el manejo de pesquerías marinas. Hay que señalar que el EPI no da peso a las pesquerías continentales, lo cual nos “favorece” frente a la operación estadística, pues el Instituto Humboldt viene ilustrando científicamente el proceso de colapso de los recursos hidrobiológicos continentales, con el riesgo de extinción avanzado de algunas especies. Así, un puesto relativamente más alto que algunos países de la región no es síntoma halagüeño, pues en muchos casos el índice sólo refleja la existencia del atributo y no la gestión del mismo.
Seguimos altos en el tema de bosques, porque todavía por fortuna hay muchos, no necesariamente porque tengamos una gestión eficiente. Sigue la deforestación y no hemos adoptado una policía forestal. Igual podríamos decir del índice de biodiversidad, principalmente centrado en las áreas protegidas. Así las cosas, el mejoramiento de la información y el refinamiento del índice para abarcar más temas no es en sí mismo un colapso en la gestión ambiental, sino un sinceramiento de cosas que ya venían mal. En realidad, bien leído, indica que nunca las cosas estuvieron tan bien como antes lo sugería.
La propuesta es tomar el EPI como indicador general para compararnos. Que sea un tema de opinión, y de rendición de cuentas, más allá de la fácil y devaluada retórica ambiental. Un índice que agrupa atributos a nivel nacional, sin embargo, no debería ser la única fuente de seguimiento, pues nuestro país todavía tiene situaciones contrastantes: por un lado, contamos con algunas de las áreas naturales más extensas y diversas del mundo, y por el otro, tenemos un territorio habitado que ostenta ya una enorme huella ecológica acumulada. El problema no es el presunto desplome, sino la trayectoria que hemos tomado, que primero produce crisis en lo local, antes de llegar al índice de las prestigiosas universidades.
Para la prosperidad y la paz para todos, hay evidencia suficiente de que es necesario contar con el potencial y la fragilidad ambiental del país. Una reflexión para este 2014, cuando celebramos 20 años de la creación del Sistema Nacional Ambiental, con la promesa no cumplida de revisar la institucionalidad ambiental, en particular la reforma de las CAR. Así, el verdadero desplome ambiental podría venir de la reedición de la misma política en el período presidencial que viene.

lunes, 9 de septiembre de 2013

El problema del Reciclaje en América Latina


El problema del Reciclaje en América Latina

09/09/13 Por Carlos Fermín
Ecoportal.net 

Todas las naciones de América Latina, presentan cifras alarmantes y desalentadoras en la práctica del reciclaje. Ningún país supera el 15% de material reciclado por la basura que producen al año. Vemos que Chile lidera la generación de residuos sólidos en Latinoamérica, con 16,9 millones de toneladas anuales, y ni siquiera llega al 10% en la recuperación de los desechos que deberían ser reutilizados. Sin embargo, nos alegra saber que la Cultura del Reciclaje se empieza a retratar en las voces de los jóvenes latinoamericanos, quienes serán los agentes de cambio en busca de un futuro idóneo para la Tierra.  Seguir leyendo

domingo, 17 de octubre de 2010

INTELIGENCIA VERDE





Inteligencia verde

Tomado de Semana.com
Octubre 17-10

Vida Moderna El más reciente libro de Daniel Goleman, quien estará en los próximos días en Colombia, es una invitación a conocer el impacto de los productos que se consumen, como primer paso para proteger el medio ambiente.
Reciclar la basura, apagar las luces si no las necesita, caminar en lugar de usar el carro o imprimir por ambos lados una hoja son medidas que muchos ya empiezan a practicar en la vida para disminuir su huella ecológica y contrarrestar el cambio climático. Sin embargo, todo este esfuerzo podría ser borrado con la otra mano si un consumidor, a la hora de comprar alimentos, artículos de aseo, cosméticos, juguetes o ropa, no conoce el impacto de estos productos en el medio ambiente. Para lograrlo se necesita que "la gente se convierta en una masa de compradores que se preocupan por su entorno, y se vean a sí mismos como agentes activos". En otras palabras, "se necesita Inteligencia Ecológica".

Y quien lo dice es nada menos que Daniel Goleman, el mismo que en 1995 acuñó el término Inteligencia Emocional con el libro del mismo nombre, en el que estableció que el coeficiente intelectual solo garantiza el 20 por ciento del éxito en la vida. "El resto depende de las herramientas que conforman la inteligencia emocional". El libro, que se convirtió en un best seller, logró por primera vez que los colegios se interesaran en enseñar competencias emocionales en el aula como otra asignatura más.

Su obra más reciente, Ecological Intelligence, pretende una vez más generar una revolución, pero en el plano del medio ambiente, al estimular que los consumidores tomen decisiones sabias e informadas. El postulado es que la fuerza de las gentes, ilustrada acerca del impacto que tienen sus compras sobre los recursos naturales, forzará a las industrias a hacer mejor su trabajo para que sean sostenibles a largo plazo. Su libro, como los anteriores, ya ha generado voces críticas pero también muchos adeptos. La revista Time lo incluyó en su lista de las diez ideas que están cambiando al mundo. Goleman estará en Colombia hablando de este y otros temas en el debate Educación, Nueva Ciencia y Ética, que se llevará a cabo el 29 de octubre en Bogotá.

Para Goleman, el cerebro de los seres humanos está sintonizado con los peligros ancestrales, y si bien reacciona de inmediato ante la presencia, por ejemplo, de un animal amenazante, su sistema perceptivo falla cuando la amenaza llega en forma menos evidente, como un incremento en la temperatura del planeta o la acumulación de sustancias tóxicas en el organismo. Esto sucede por falta de información. Por ello, piensa el psicólogo, resulta crucial que las personas piensen más allá cuando ven términos como orgánico o reciclado asociados a un producto. Para él, detrás del precio de un objeto siempre hay un costo oculto tanto para la salud del usuario como para el planeta. "Desde el comienzo del proceso hasta que llega al consumidor final, un vaso de vidrio, por ejemplo, tiene 1.959 pasos", escribe Goleman. Según sus cuentas, 5 por ciento del potencial daño a la salud viene de añadir soda cáustica al sílice en estas fábricas y 16 por ciento del riesgo de cáncer se da por el gas natural utilizado para calentar los hornos. A esto se suma que en el proceso de elaboración se emiten 226 tipos de residuos. ¡Y eso que se trata de vidrio reciclado!

Un dilema puede ser saber qué opción es mejor entre comprar agua en botella de plástico o llevarla en un vaso de acero inoxidable. La respuesta no es sencilla. Cualquiera supondría que son mejores las botellas de acero inoxidable pero lo cierto es que para hacer este material se requiere cromo, que viene principalmente de minas en Kazajistán e India, donde los trabajadores se someten al riesgo de cáncer por la exposición a este material. Luego, para derretirlo se requieren altas temperaturas, lo que genera polución en el aire, el agua y la tierra, incluidos gases de efecto invernadero. Por otro lado, las botellas plásticas tienen el problema de que son hechas con BPA, un material que, se sospecha, es carcinógeno y provoca alternaciones en el sistema endocrino. "Dejando a un lado el problema del BPA, sería mejor usar la botella de plástico que la de acero inoxidable, pero si usa esta última tantas veces como para evitar un gran número de botellas de plástico, la matemática empieza a favorecer a la de acero inoxidable. El punto de inflexión es usarla más de 25 veces".

No se necesita ir con la Enciclopedia Británica al mercado para tomar la decisión de cuál producto escoger. Goleman sugiere recurrir a sitios como GoodGuide, especializados en calcular el impacto ecológico de un artículo . El sitio, que cuenta con una aplicación gratuita para el iPhone, integra información de cientos de bases de datos y resume el impacto en un puntaje de 1 a 10, que es un promedio de la medición de tres variables: el impacto en la salud, en el medio ambiente y en la sociedad. El experto llama esta información transparencia radical.

Estos sitios se basan en una nueva disciplina que se denomina ecología industrial, que ha creado el método Life Cycle Assesment (LCA), que se traduce como Cálculo de Ciclo de Vida. Esta medición toma el producto y escudriña cada uno de los pasos que se necesitaron en su elaboración, empezando por el momento en que se extraen de la tierra los materiales para hacerlo, hasta que llega a manos del consumidor y este lo usa y lo tira. Gracias a este es posible saber hoy que muchos de los productos que se venden como 'verdes' en realidad no lo son. El ejemplo más evidente es el del algodón orgánico, con el cual se hacen camisetas que se promueven como ambientalmente sostenibles. "Pero es un espejismo", dice el experto de Harvard. Aunque hay que reconocer que el algodón orgánico no usa pesticidas, cuyos residuos terminarán contaminando un río, son cultivos que requieren mucha agua, lo que crea un problema ambiental de sequía. Este fenómeno se conoce como 'Greenwashing', pues "nos venden el producto como 'verde' por una sola cualidad, pero desconocemos una cantidad de impactos en los otros pasos de su fabricación que borran totalmente ese beneficio".

Se critica al planteamiento de Goleman por que el cambio climático es un problema grande que requiere soluciones de mayor impacto. Sin embargo, Karen Heshusius, consultora en sostenibilidad, considera que su alternativa es astuta pues busca generar un cambio siguiendo las reglas de juego del mercado al afectar una sola variable: la demanda. "Hay tendencias claras entre los consumidores a comprar artículos 'verdes' y a conocer su'trazabilidad' , es decir, qué pasó con ellos antes de llegar a mis manos", dice. Según la experta, si un artículo es vetado por los compradores se genera un costo enorme para la empresa, que se ve obligada a preocuparse por mejorar su proceso de producción.

Otra preocupación es que el consumidor está más interesado en comprar el producto más barato que invertir en los que protegen el medio ambiente, que aparentemente son más costosos. Goleman ha encontrado en los sitios web ya mencionados productos muy bien catalogados que, para su sorpresa, resultaron más económicos que los demás.

Con todo esto Goleman busca acabar con la asimetría en la información que existe entre el consumidor y el fabricante. "Estos saben muchas cosas que los compradores ignoran", explica. El trabajo ya ha dado sus frutos. Algunos detergentes cuyos productores catalogaban de seguros con el ambiente porque no contenían fosfatos, un químico que contamina el agua, tuvieron que rediseñarse porque requerían agua caliente para el lavado de la ropa, lo cual es nefasto en términos ecológicos. "Ya se han introducido detergentes que son efectivos con agua fría".dice. Se trata sin duda de una revolución pacífica, silenciosa, pero revolución al fin y al cabo porque, como lo dice el propio Goleman, "una vez los compradores se apropien de ese poder, las industrias tendrán que pensar completamente en nuevos términos para producir productos biodegradables".

Dónde buscar

Daniel Goleman recomienda dos sitios web para conocer la huella ecológica de los productos disponibles en tiendas y supermercados. Uno es GoodGuide, que cuenta con una revisión de más de 65.000 productos. El sitio facilita el trabajo de los consumidores a través de puntuaciones de 1 a 10. Mientras más alto el número más seguro es el producto. www.GoodGuide.com

El otro es SkinDeep y está dedicado a productos cosméticos y de cuidado personal, desde champú hasta esmalte de uñas. www.cosmeticdatabase.com.

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jueves, 2 de septiembre de 2010

LA GEOINGENIERÍA

De los científicos locos de la ciencia ficción que querían dominar el mundo, a la realidad de la geoingeniería


¿Quién no ha leído algún libro o visto aquellas películas de ciencia ficción en las que un “científico loco” pretendía dominar el mundo mediante algún invento maléfico?. Pues bien, ahora la idea se está convirtiendo en realidad y le han puesto un nombre: geoingeniería.
La geoingeniería es una rama de la ciencia que incluye a expertos en meteorología, química atmosférica, ecología, botánica, ingeniería aeronáutica, balística, y manejo de riesgos. Su objetivo esencial es el de modificar las condiciones climáticas y ambientales del planeta mediante obras de ingeniería faraónicas para contrarrestar los efectos del Cambio Climático.


Colocar enormes espejos en órbita entre la Tierra y el Sol para rechazar una parte de la radiación, crear nubes de forma artificial o blanquearlas arrojando sales para incrementar su reflectividad, llenar el fondo de los océanos de cientos de toneladas de hierro para alimentar el plancton y favorecer su reproducción para que absorba mas CO2, son algunos de los proyectos que ya están en marcha y en fase de pruebas.


Claro que uno de los primeros pasos en este "juego" ha sido la modificación genética de los cultivos y ya sabemos como nos ha ido con ese tema. Los OGM, mas allá de su discutida inocuidad para la salud humana, están provocando graves consecuencias en el ecosistema planetario por la reducción de biodiversidad, desertificación de la tierra, contaminación del agua por el uso de agroquímicos, reducción de la necesidad de mano de obra campesina y expansión de la frontera agrícola. Y podríamos seguir con una larga lista de terribles consecuencias ambientales y sociales.


La geoingeniería es más de lo mismo, o peor aun. Alimentar el fondo marino podría desestabilizarlo afectando definitivamente al equilibrio de los ecosistemas. Repeler la luz solar podría provocar un aumento en la contaminación de la atmósfera. Las consecuencias pueden ser destrucción de la capa de Ozono, acidificación de los océanos, aridez del suelo o daños a la salud humana. O tantas otras que ni siquiera podríamos imaginar.
Pero, lo peor de todo es lo que está detrás de la geoingeniería. Si bien el objetivo de solucionar los problemas que puede acarrearnos el Cambio Climático, a primera vista suena muy bien, el verdadero objetivo es seguir contaminando. Seguir aumentando los niveles de producción y consumo para que sigan aumentando las ganancias de los que más tienen, incluso con mayor impunidad, basándose en que de todas formas, luego podemos limpiar y restaurar todo lo que arruinamos.


Tan grave es el problema que el cuerpo científico de Naciones Unidas llama a un alto en los experimentos con el clima. La ONU enviará una recomendación formal al Convenio de Diversidad Biológica (CDB) para que la consideren sus 193 gobiernos miembro al reunirse en Nagoya, Japón, en octubre de este año, con el fin de establecer una moratoria sobre todas las actividades de geoingeniería.


La Tierra no es un laboratorio, es nuestra casa, nuestra única casa. Las soluciones no pasan por llenar el cielo de espejos, sino por volver recuperar la superficie boscosa. No pasan por sembrar hierro en los océanos, sino por dejar de contaminarlos. Las soluciones para detener el Cambio Climático que nosotros mismos estamos provocando, deben estar centradas en la humildad y el respeto por la Madre Tierra. Por un cambio de conciencia y por modificar el modo en el que nos relacionamos con ella.

Nos reencontramos la próxima semana, con una nueva entrega de esta publicación.

Ricardo Natalichio
Director de EcoPortal.net
rdnatali@ecoportal.net
www.ecoportal.net

viernes, 24 de julio de 2009

CUIDADO CON LA BASURA

El Tiempo.com
Julio 23 de 2009

Luiz Inácio Lula devolverá contenedores con basura al Reino Unido

El presidente de Brasil dijo ayer en Sao Paulo que su país va a devolver las 1.600 toneladas de desperdicios que llegaron dentro de 90 contenedores.

"No queremos importar basura de nadie y tampoco vamos a mandar nuestra basura a nadie (...). Solo tenemos una salida: devolver esos contenedores", dijo Lula durante un discurso en la inauguración de la V Feria Internacional de Productos Orgánicos y Agroecología en Sao Paulo.

Los contenedores llegaron a diferentes puertos brasileños, repletos de basura doméstica, pero también baños químicos, pañales, condones, jeringas usadas y residuos de electrónica.
La primera carga, en el puerto de Río Grande, estado de Río Grande do Sul, fue descubierta por una llamada anónima que alertó a los fiscales de la Aduana, quienes sospechan que algunos de los contenedores están en el país desde noviembre pasado.

El mandatario aprovechó el escándalo desatado en los medios para criticar las barreras que impone la Unión Europea (UE) a algunos productos brasileños, como el etanol, por su supuesta agresividad con el medio ambiente.

"Ellos (miembros de la UE) son tan limpios y quieren descontaminar tanto que nos envían una montaña de basura y dicen que es para reciclar. ¿Quién va a reciclar preservativos?, ¿Quién va a reciclar restos de hospitales?, ¿tomar una jeringa y usarla de nuevo?", ironizó.

Tres detenidos

El Ministerio de Exteriores brasileño informó el miércoles que tiene la intención de denunciar al Reino Unido por tráfico de residuos peligrosos, ya que ambos países están dentro de la Convención de Basilea, que prohíbe el tránsito internacional de basura.

La Cancillería brasileña estima, además, con base en el Artículo 9 de la citada convención, que "el retorno de la carga ilícita al país de origen es responsabilidad del exportador".

La Embajada de Londres en Brasilia dijo ayer que la Agencia Ambiental Británica indicó que estaba en contacto con los transportadores para que repatríen los contenedores y que tres personas fueron detenidas en relación con el caso.
Una nota difundida por la sede diplomática dijo que trabajaba en la investigación del origen de los contenedores, supuestamente exportados ilegalmente y que, según Brasil, tenían unas 1.600 toneladas de basura.

La empresa Alfatech, responsable de 48 de los contenedores en el puerto de Río Grande, alega que fue engañada debido a que importó polímeros de etileno, que serían vendidos a industrias brasileñas y terminó recibiendo la basura.

SAO PAULO (Efe-Reuters)